Apostilla o legalización consular: cómo no equivocarse
La apostilla y la legalización consular resuelven la misma tarea — certifican la autenticidad de un documento para otro país, pero se aplican en casos distintos. La apostilla funciona solo entre países que firmaron el Convenio de La Haya de 1961. Si el país de destino está entre ellos, basta la apostilla: un único sello que reconocen todos los países miembros del convenio.
Cuándo se necesita la legalización
Si el país no firmó el convenio (por ejemplo, los EAU o China —para China rigen normas transitorias especiales desde noviembre de 2023—), allí no aceptarán la apostilla. Entonces el documento pasa por la legalización consular: certificación en el Ministerio de Justicia, luego en el Ministerio de Asuntos Exteriores y, por último, en el consulado del país correspondiente. El proceso es más largo y requiere una visita personal al consulado o un poder para un representante.
El error que vemos con más frecuencia: se coloca la apostilla de antemano, «por si acaso», y el país de destino exige legalización — hay que empezar de nuevo. Verifique los requisitos de la parte receptora antes de encargar la traducción: a menudo están indicados en la propia solicitud de la institución que pide el documento.